Recuerdo la primera vez que ingresé al colegio, fue durante mi primer año de secundaria, iniciaba una nueva etapa en mi vida y me encontraba nerviosa ya que tendría que empezar “una nueva vida”, nuevo colegio, nuevos amigos, nuevas experiencias. Aunque al principio no me encontraba de acuerdo en que me cambiaran de colegio pues extrañaría a mis amigos de mi anterior institución. Sin embargo me animó saber que no estaría tan sola y que una amiga que tenía también ingresaría al mismo colegio: Santa Rosa de Lima.
Ya tenía conocimiento de las reglas y normas del colegio y de lo estricto que era, pues mis primos habían estudiado ahí la mayor parte de su vida y me aconsejaron y dieron ciertos datos de cuando ingresara. Y fue precisamente su madre, mi tía, quién le dijo a mis padres que me matricularan allí, ya que era un colegio de gran prestigio .
Fue así como el primer día me encontraba nerviosa y sobre todo confundida, puesto que yo debía ingresar al mismo salón que mi amiga y a ella la habían enviado al “B” pero mi nombre no figuraba en ninguna lista así que me hicieron sentar en una banca juntos con otros alumnos que esperaban ser asignados a un aula. Luego de unos minutos me dijeron que había un error y fue así como me enviaron al 1”A”.
Al principio no estaba de acuerdo, porque el plan era estar en el mismo salón que mi amiga pero traté de ver el lado positivo de las cosas y hacer nuevos amigos fue el primer paso para crear momentos que se volvieron inolvidables.
Durante las primeras semanas las chicas solían sentarse todas en una misma mesa, se sentía como un momento familiar, donde nos conocíamos más, cada una contaba su experiencia en el colegio y anécdotas. Aún recuerdo que era muy difícil conseguir sitio, pues habían muchos alumnos y como si fuese una persecución o competencia, uno era el encargado de ir corriendo para guardar sitio a su grupo y si no conseguias pues comías en el piso.
Uno de los acontecimientos que más aprecio era cuando se realizaba “El día del Logro”, día en que exponían los trabajos más sobresalientes y llamativos de cada curso. Recuerdo que previo a esa fecha solía quedarme en la tarde después de clases junto con mis amigas, pues éramos voluntarias para decorar el salón cuando se presentaba algún evento. Pasamos momentos muy divertidos llenos de risas y aunque actualmente ya no se realiza este evento, es uno de mis preferidos.
Cuando ganamos en las olimpiadas, muy aparte de la euforia del evento y el participar en distintos deportes, recuerdo que hubo un momento donde me fui en grupo al patio de primaria pues nuestro salón estaba compitiendo en fútbol pero no fuimos exactamente a apoyar al equipo, sino que aprovechamos el acceso para ir a los juegos que habían y fue gracioso ya que jugar en el sube y baja era más divertido si te subías en manada aunque un poco riesgoso pero claro que no hubieron lastimados.
Para el siguiente año ya estaba adaptada al colegio, pese a que pensé que me tomaría tiempo pues era muy grande, pero con el tiempo me fui acostumbrando y fue muy fácil teniendo a mis amigas cerca. Hubo momentos donde compartimos todos juntos como salón que hasta la fecha siguen recreándose, como cuando recibimos la entrega de nuestras casacas, aunque esperamos muchos meses y horas más, aquel tiempo entre amigos hizo emocionante la espera.
Actualmente se siguen viviendo nuevos acontecimientos, creando nuevos recuerdos y por más pequeños que sean el sentimiento se queda guardado, aún faltan más momentos por vivir y siendo este mi último año los tengo que disfrutar al máximo.
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